Los ataques de pumas en campos ganaderos se repiten diariamente, ocasionando la muerte de ovejas, terneros y burros que integran los rodeos productivos. Esta amenaza constante genera un escenario crítico para los productores rurales, quienes ven mermar sus animales a un ritmo acelerado.
Frente a esta realidad, la instalación de jaulas protectoras y sistemas de contención se ha transformado en una medida esencial. Los ganaderos que buscan preservar su actividad productiva no tienen alternativa: deben invertir en infraestructura defensiva o enfrentar pérdidas cada vez mayores.
No obstante, esta opción no está al alcance de todos. La inversión requerida para construir sistemas de protección representa un costo significativo que muchos productores no pueden absorber. Para estos, la disyuntiva es clara: adaptar su operación con jaulas o abandonar la ganadería definitivamente.
Las consecuencias económicas se extienden más allá de los animales perdidos. Los productores deben sufragar tanto la reposición del ganado muerto como la construcción de infraestructuras de defensa, comprimiendo aún más los márgenes ya reducidos de la actividad ganadera.
Esta crisis refleja una transformación ambiental profunda en territorios rurales. La expansión de pumas y el incremento de sus ataques depredadores configuran un nuevo escenario donde la ganadería tradicional se vuelve cada vez menos viable. Sin soluciones coordinadas y apoyo integral, numerosos productores se ven empujados a abandonar sus emprendimientos y buscar alternativas económicas distintas.
Imagen: Elina Emeleeva / Pexels – Con informacion de Clarín Rural






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